Fragmento de entrevista al sub comandante Moisés
Cuando decimos que “No es necesario conquistar el mundo, basta con hacerlo de nuevo”, nos alejamos, definitiva e irremediablemente, de las concepciones políticas vigentes y de las anteriores. El mundo que vemos no es perfecto, ni de lejos. Pero es mejor, sin duda alguna. Un mundo donde cada quien sea quien es, sin vergüenza, sin ser perseguido, mutilado, encarcelado, asesinado, marginado, oprimido.
¿Cómo se llama ese mundo? ¿Qué sistema lo sostiene o es el dominante? Bueno, eso lo decidirán, o no, quienes vivan en él.
Un mundo donde los afanes de hegemonizar y homogeneizar aprendan de lo que provocaron en éste y otros tiempos, y fracasen en ese mundo por venir.
Un mundo en el cual la humanidad no sea definida por la igualdad (que no hace sino esconder la segregación de los que “no son iguales”), sino por la diferencia.
Un mundo donde la diferencia no se persiga, sino que se celebre. Un mundo en el que las historias contadas no sean las de los que ganan, porque nadie gana.
Un mundo donde las historias que se cuenten, sea en la intimidad, o en las artes, o en la cultura, sean como las que nuestros abuelas y abuelos nos contaron, y que enseñen no quien ganó, porque nadie ganó y, por lo tanto, nadie perdió.
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