La húmeda virtud del llanto/ Ariel Guzik
Comencé a escribir estas líneas hace algunas semanas, durante el vuelo en el que salí huyendo de retorno a México, tras un breve y truncado viaje, momentos antes de que se concretara la obstrucción del libre tránsito en las fronteras del mundo. Visitar de un soplo y en presunta emergencia planetaria una ciudad cuya gente de pronto empezó a desaparecer de las calles, y verme forzado a escapar de ahí con premura, le dio al trayecto un toque apocalíptico que marcó mi memoria con un particular sello iniciático. Fue en el transcurso de ese vuelo cuando empecé a familiarizarme con esa extraña sensación que pronto se convertiría en la certeza de que las cosas cambiaron. Me vino a la memoria el ya muy lejano evento en el que dos aviones se vaporizaron mientras entraban por las ventanas de las torres gemelas, impregnando mil veces nuestras retinas y dando una nueva vuelta de tuerca al endurecimiento del mundo. Esta vez la sensación era más contundente: la presencia de algo que se mostraba ante ...