La naturaleza y el Índice de Felicidad Ciudadana (IFC)/ José Luis Gallego
mpartir en Twitter Siempre salgo al campo con los bolsillos vacíos: nada de lo que me ofrece se puede comprar: el canto de los pájaros, el tránsito de las nubes, la brisa del mar o la sombra de los árboles; el aroma de las flores o el sonoro silencio de la montaña. Nada cuesta dinero. El agua fresca de la fuente, la varilla de hinojo que me llevo a la boca, el madroño, el espárrago, la mora, el escaramujo, la endrina o el nízcalo que recolecto. El olor a pan de la tahona al salir del pueblo, el perfume de los establos y el de las chimeneas de leña al regresar: ¿Cuánto vale esa inmensa sensación de paz y bienestar? Los baños de bosque en el hayedo, el gran azul desde lo alto del acantilado, el amanecer infinito en la estepa mientras cantan las alondras y las totovías. El bullicioso atardecer en la marisma, la noche tumbado en la hierba mirando las estrellas. La cumbre que aún alcanzo, la recóndita cala a la que solo se llega a nado. La secreta poza del río o el gélido ibón ...