Un nuevo pensamiento es el inicio/Guillermo Sira.

 De la interpretación del mundo actual van a depender las acciones que hay que emprender para cambiarlo o construir otro/s. Esa comprensión de lo que está ocurriendo, que al siguiente instante ya es pasado, no solo concierne a los historiadores, sino que es tarea de todos los seres humanos. Pero es bien conocido el hecho que la interpretación de la realidad está influenciada en gran medida por un aparataje tecnológico capaz de generar matrices de opinión y hasta manipular los modos de percepción. El resultado es que la conciencia colectiva está aletargada en espera de soluciones que no dependen del accionar de los pueblos y se siente más segura confiando en las promesas de los técnicos que aseguran que sus fórmulas reactivarán nuevamente la economía y en los "científicos" que afirman que su ciencia y su tecnología detendrán la crisis climática.

Con todo eso en contra, hay que encarar el desafío que plantea un cambio de era, de época y el fin de una civilización. Y es aquí cuando se llega al punto de decidir qué camino tomar en medio de una tragedia en curso que amenaza con ser terminal. 

Si se sigue la conseja que viene de la esfera económica y el campo de la ciencia al servicio del capital, el camino está claro y bien trazado porque llevamos siglos transitándolo. Los pueblos, cada vez más empobrecidos, seguiremos con la esperanza que algún día llegaremos a ser "desarrollados", miembros del primer mundo; que los desempleados dejarán de serlo al reactivarse la economía; que la democracia se perfeccionará cada día al igual que el respeto a los Derechos Humanos; que el trabajo nos hará libres y prosperos...

Oportunamente hay quienes han alcanzado un grado mayor de conciencia y logran entender cada vez mejor que esa narrativa de las élites económicas caducó. Y que hay que construir una nueva. Y empiezan a aguzar los sentidos y a percibir que la realidad es diferente a la que muestran los medios de ¿intoxicacion? A mirar con curiosidad y simpatía las reflexiones y acciones que practican cada vez más grupos, casi siempre minúsculos pero que se expanden por todo el mundo, en lo que podría ser una globalización de la resistencia, la esperanza y la rebelión. Ya la población mundial no es la misma "masa" homogénea entretenida y guiada por la industria cultural. Se multiplican los desprendimientos y se va visualizando que es posible cambiarle el sentido a la vida insoportable a la que nos ha conducido una élite enferma de codicia.

Un cuerpo de ideas nuevas están emergiendo de estas experiencias creadoras y están alineándose en un nuevo pensamiento que a su vez se ha venido plantando frente al decadente pero todavía fuerte pensamiento moderno.

Una de sus características es que está surgiendo desde abajo hacia arriba. Un cambio profundo.

Otra sería la de pretender construir mundos plurales e incluyentes, antes de querer cambiar un mundo excluyente y en decadencia.

La autonomía es otro elemento vital del nuevo pensamiento. Crear lo nuevo antes de pedirle al estado o al capital que solucionen la iniquidad, que es su razón de ser.

Otra no menos importante: se deshace de las esperanzas en las urnas electorales, donde derechas e izquierdas trepan al poder estatal para desarrollar, finalmente, los programas bajo las directrices del poder económico global, llámense Ortega, Maduro, Boric, Bolsonaro, Bukele, Fernández, Duque, Lasso... por hablar solo de Latinoamérica. Los nuevos movimientos no se plantean tomar el poder del estado.

Está en la agenda alternativa al capital que esas micro rebeliones se descubran, se conozcan, se encuentren, dialoguen y vayan vertebrándose de cara a la gran confrontación que se dará entre la modernidad y un proyecto que se gesta en las grietas y las honduras de una humanidad que no renuncia a la vida.






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