La Ley de la Jungla./Guillermo Sira

 La Ley de la Jungla.


El historiador israelí Yuval Harari, en un reciente análisis sobre la guerra en Ucrania, resalta el peligro de la vuelta a la ley de la jungla con la decisión de Putin de invadir este país: desde 1945 no se han dado guerras directas entre las superpotencias, guerras que eliminen países o cambien fronteras, demostrando esto que las potencias poseedoras de armas nucleares han entendido que una confrontación con este armamento sería un suicidio, por cuanto la destrucción mutua estaría asegurada. Afirma con optimismo, que desde la segunda guerra mundial se vive el declive de las guerras al punto que hoy día el azúcar es más letal que la pólvora, que mueren más personas por diabetes y obesidad que por la violencia bélica. 

Ciertamente las guerras convencionales si han amainado y también es celebrable este paréntesis de relativa ausencia de conflictos armados de envergadura.

 Pero el análisis de Harari quedaría incompleto si no analizáramos otra guerra que es inocultable por su magnitud y alcance: la guerra del gran capital contra la humanidad, porque no hay otra forma de llamar a la agresión de los conglomerados financieros contra los pueblos oprimidos de todo el mundo. Esta guerra de despojo también arrebata con violencia y armamento (con policías y ejércitos regulares, así como con paramilitares, mercenarios, antiguas guerrillas, narcobandas, etc.) tanto bienes materiales como derechos y esperanzas al ser humano. En esta guerra participan todas las potencias, unidas armónicamente por intereses económicos. Esta guerra golpea sin pausa a los pobladores de las grandes ciudades, a campesinos y a pueblos originarios. Esta guerra es para dejar sentado que las riquezas de este planeta no son para el disfrute de la especie humana sino para la acumulación y usufructo de los poderosos. Ley de la jungla.

No porque el conocimiento sea más valorado que el oro, el petróleo, el coltán, el litio..., el capital internacional deja de saquear estos preciosos elementos a países como Venezuela, donde el gobierno entregó 112.000 km cuadrados (soberanía, naturaleza, poblados y etnias originarias, incluidas) en la cuenca del Río Orinoco, a la minería depredadora que promueven esas mismas mafio-potencias que no se atreven a enfrentarse militarmente. El caso de México es igualmente grave por el volumen de la entrega de los recursos naturales al gran capital, sacrificando a sus pobladores ancestrales, soberanía y naturaleza. El mismo patrón se repite en el resto del continente: Brasil, Chile, Argentina... Y en el mundo!! Para completar el cuadro guerrerista ya van dos años de una curiosa y parcializada pandemia, que ha sido un jugoso negocio para el capital y una desgracia para los pueblos, que ahora resultan más empobrecidos que antes y con los derechos y libertades severamente reducidos.

La guerra contra los de abajo es sin lugar a dudas global y genocida, sólo que a diferencia de una confrontación nuclear, la minoría que gobierna el mundo ha calculado que podrá sobrevivir sin la pesada carga de ese 80 por cien de una población inútil y de la cual a estas alturas de la historia, se puede prescindir.

La ley de la jungla no estaba de receso ni ausente antes de la guerra de Ucrania. 

Marzo de 2022

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