Despertar a la vida/ Carlos Noriega Félix el Almanauta
E
ste asombroso, milagroso y extraordinario ser vivo que llamamos planeta Tierra, como todo ser vivo, respira, se sacude, estornuda, se enferma y se cura, y lo mas fascinante es que genera vida de sí mismo. Una infinita variedad de hermosos hermanos nuestros de patas, aletas, alas y raíces conviven con nosotros cada día. Todo muere para volver a nacer y todo nace para morir un día. Esta extraordinaria perla azul en la que vivimos, danza cada día como un virtuoso derviche girando alrededor del Sol, esa hermosa estrella que es el patriarca amoroso que cuida nuestra familia planetaria más cercana.
Todo este milagro de la vida es una magnífica obra de arte, rebosante de belleza e inteligencia en la que todo convive en perfecta armonía para entonar el himno glorioso del amor, en cada pájaro que canta y en cada flor que abre sus pétalos.
Eso es lo que realmente somos, pero con tanto ruido en nuestra loca carrera de correr siempre para nunca llegar, nos hemos quedado sordos y ciegos, esa es nuestra gran tragedia. El ser humano, urbano y moderno, duerme el más profundo sueño de la ignorancia, hasta la bendición de la lluvia le puede parecer una tragedia porque se atasca su automóvil y las estrellas ya no brillan en sus noches.
Nacer es un regalo de la vida, no tenemos ningún mérito propio. La conciencia de saber quiénes somos y dónde estamos es lo que nos hace humanos y nos permite apreciar nuestro efímero parpadeo en el tiempo. Vivir en la inconsciencia, aunque tu corazón siga latiendo y tus pulmones respirando, es como estar muerto.
Si este gran freno a la ceguera humana que estamos viviendo no nos despierta para convertir nuestro forzoso aislamiento en un encuentro… ¿de qué nos sirve seguir respirando, si seguiremos ciegos y sordos a la vida?
Carlos Noriega Félix, El Almanauta
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