Greta Thunberg en 2050/ Víctor M. Toledo
La Jornada
Greta Tintin Eleonora Ernman
Thunberg, nacida en 2003, tendrá 47 años en 2050 y, como veremos, de no
revertirse las tendencias que afectan el equilibrio ecológico del planeta,
habrá de vivir como el resto de la humanidad: inmersa en una pesadilla. Ese año
se ha convertido en fecha cabalística porque para entonces habrán de confluir
cinco procesos incontrovertibles. La humana es la única especie animal capaz de
visualizar escenarios futuros a partir de evidencias y tendencias del presente,
pero también de borrarlos o ignorarlos por temor, fantasías, intereses, desdén
o cinismo. Greta Thunberg es la niña sueca cuya conciencia ambiental logró
movilizar a más de 4 millones de ciudadanos de 150 países el viernes pasado, y
cuyo discurso cimbró la Asamblea de Naciones Unidas porque puso en evidencia a
los tres sectores que dirigen los destinos de todos nosotros hacia una
catástrofe: los políticos, los empresarios y los diplomáticos.
¿Tienen razón los niños y jóvenes que se
manifiestan en todo el mundo o es una simple reacción, exagerada y crispante de
adolescentes?
Veamos: los cinco procesos actuales que al
combinarse terminarán convirtiendo el planeta en un espacio inhabitable en 2050
son: primero, la dinámica demográfica. La proyección de Naciones Unidas estima
que la población humana pasará de los actuales 7.6 mil millones a 9.6 mil
millones en 2050. Este descomunal aumento de humanos, debido al incremento en
la longevidad y en las tasas de fecundidad, elevará la presión sobre los
recursos de la Tierra a un nivel sin precedente para ofrecer alimentos, agua,
energía, materiales y espacios habitables a otros 2 mil millones de individuos.
El segundo tema es el energético. Hacia
2050 casi todos los países habrán agotado sus reservas de petróleo, y unos años
después seguirán el gas y el carbón mineral. Ya hoy 64 de los 98 países
productores de petróleo y gas están utilizando la última mitad de sus reservas
(www.lastoilshock.com). La civilización industrial, adicta a
los combustibles fósiles, debe entrar ya en una desintoxicación, y ello implica
no sólo el cambio hacia fuentes de energías renovables, sino sobre todo dejar
de usar los procesos, máquinas, herramientas y dispositivos normales de la
modernidad, tales como autos, camiones, aviones, tractores y fábricas que
consumen altos niveles de energía.
El tercer factor es el agua, pues la
crisis hídrica que ya padecen amplios sectores de la humanidad, especialmente
en las regiones donde escasea, se verá multiplicada por el incremento de la población
y los sistemas altamente ineficientes de transporte y consumo.
El cuarto proceso atañe a la producción,
circulación, transformación y consumo de alimentos que bajo las pautas
industriales que hoy se presentan como las más eficaces generan impactos
ecológicos y biológicos altamente dañinos, ofrecen alimentos insanos y poco
nutritivos y contribuyen al calentamiento global. El quinto elemento, el
incremento de los gases invernadero que produce el calentamiento del planeta,
actúa además como un catalizador que acelera y complica el panorama. Las
sinergias y dinámicas que se desencadenan entre los cinco factores aumentan la
posibilidad del colapso. El aumento de la población presiona al demandar mas
energía, alimentos y agua, que bajo los actuales modelos estimulan la crisis
del clima, y ésta al mismo tiempo opera limitando los recursos hídricos y los
alimentos (sólo el derretimiento de los glaciares de los Himalayas provocarán
el secado de los grandes ríos de China, India, Bangladesh y Pakistán, que son
los que permiten generar los alimentos para unos mil millones de habitantes).
Hoy quienes conocen estas proyecciones
saben que esta vez no proceden de voces alarmistas, catastróficas o
apocalípticas, sino de análisis rigurosos y ponderados de miles de científicos.
La ciencia, convertida en voz de alarma, en ojo previsor que nos advierte,
clama por un cambio radical de rumbo, y esto implica desmontar las causas
profundas que mantienen la crisis. Greta Thunberg y los 4 millones lo han
comprendido y han pasado a la acción. Nuestro deber es despertar a los
indiferentes. Aun siendo una minoría de minorías, debemos actuar para
sensibilizar al resto, y en ello un papel fundamental lo realizan tanto el
pensamiento crítico como los artistas.
La película llamada 2050 se acerca a una
velocidad inesperada, y pronto estaremos ya de manera irremediable dentro de la
pantalla. Nunca el futuro estuvo más incierto pero nunca también hemos estado
tan cerca de poder modificarlo. Nuestro poder está en esta conciencia que la ciencia
nos devela, y luego en la reacción emocional, que es tan animal como humana,
frente al peligro revelado. La conciencia de especie que es planetaria y la
subsecuente acción colectiva es la única que logrará salvarnos. ¡Actuemos ya!

Comentarios
Publicar un comentario